6 MESES ANTES… los trámites y la boda legal
Como todos los mortales no toca iniciar los trámites para lo que Sergio –el novio- se pone manos a la obra, ya que para equilibrar un poco el peso de los preparativos él se encargaría de la tramitación del expediente y la búsqueda del destino de la luna de miel y yo de el resto de preparativos. Eso sí, las decisiones siempre compartidas.
Todo parecía irle sobre ruedas (y así fue realmente) pues a través de internet realizó las solicitudes de los certificados de empadronamientos y las partidas de nacimiento. Así de sencillo, con un solo clic… salvo por una excepción ¡no llegaba mi partida de nacimiento!… por lo que no me queda más remedio de ir al Registro Civil Central de Madrid a solicitar una copia literal de mi partida ¡y allí empezó mi calvario de 3 horas!
Cerca o más –ya ni recuerdo- de hora y media estuve en una fila a la intemperie esperando para acceder al interior de las oficinas del registro (asunto que no entendí pues daban 50 números por día). El acceso se hacía de 10 en 10 personas y una vez dentro tristemente sigo esperando, jugando al juego de las sillitas (pues había que ir cambiándose de silla a medida que salían los que ya tramitaban sus papeles, otro asunto que ni yo ni nadie entendió pues teníamos un número), así que de silla en silla continué esperando una hora y media más para ¡por fin! llegara mi turno, ponerme frente al mostrador, entregar una copia de mi partida de nacimiento y decir:
- “Necesito una copia literal de mi partida para contraer matrimonio”
La funcionaria toma nota en el ordenador y ¡segundos! después me mira y señala:
- “Vale, venga en 24 días a retirar la copia”
¡Mis ojos quedaron como platos! Cómo era posible que en un día sólo den 50 números para trámites, lleve 3 horas de espera teniendo por delante apenas una veintena de personas, la funcionaria tarde menos de 1 min en tramitar mi solicitud y para colmo tengo que regresar en 24 días… Estaba tan perpleja que sólo tuve claridad para exclamar:
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Habíamos acordado, mi novio y yo, no dar la noticia de la boda (salvo a nuestros padres y hermanos) hasta el segundo trimestre del año. Acuerdo que duró ¿dos semanas?… yo empecé a dar la noticia a la mínima oportunidad.
Recuerdo que de niña iba con mi madre de paseo a Caracas a caminar y corretear por el Boulevard de Sabana Grande; allí había una tienda muy conocida de trajes de novias. Me encantaba soltarme de la mano de mi madre y correr hasta su vidriera para contemplar los vestidos de novia que lucían las maniquíes. Simplemente me hechizaban los vestidos, ni siquiera tenía conciencia del significado de esos blancos atuendos ni me importaba. Solía pensar que me casaría y enviudaría tantas veces fuera necesario para poder usar una y otra vez un vestido de novia.
Una boda no es sólo cosa de un día, de una fecha; la crónica de una boda comienza desde el día que empiezas con todos los preparativos… mi boda comenzó 9 meses antes.







