Régimen económico en el matrimonio

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Por más que lo he vuelto a buscar, no he conseguido dar con la página donde conseguí el siguiente párrafo, el cual contiene las palabras perfectas como prólogo para este post:

“Un aspecto que no debéis olvidar, pese a su poco romanticismo, es el económico, y no sólo porque más vale prevenir que curar… Un matrimonio es, además de un compromiso moral, un contrato regulado por ley que afectará a vuestros bienes –y vida– presentes y futuros. Habladlo con calma y franqueza y elegid el que más os conviene o diseñad uno a vuestra medida”

Se denomina régimen económico del matrimonio al conjunto de relaciones económicas que se establecen entre dos personas a partir del momento en que se convierten en marido y mujer (*). Es indiscutible la trascendencia económica que conlleva una relación conyugal, reguladas por el Código Civil, el cual establece que: “El régimen económico del matrimonio será el que los cónyuges estipulen en capitulaciones matrimoniales, sin otras limitaciones que las establecidas en este Código” (Art. 1315). Hay tres formas de régimen económico:

1. SOCIEDAD DE GANANCIALES. Todos los bienes o ingresos que obtengan cada uno de los cónyuges tras su boda serán automáticamente de los dos; se administran de forma conjunta y para realizar cualquier tipo de operación, como por ejemplo una venta, será necesaria la autorización de ambos cónyuges.

El pacto concierne sólo a los ingresos o propiedades conseguidos después de contraer matrimonio y no a los que tuvieran cada uno de los contrayentes antes de casarse: bienes privativos. En el caso de un divorcio, todos los bienes gananciales se dividirían entre dos, de la misma manera que ambos tendrían igual responsabilidad a la hora de responder de posibles deudas.

2. RÉGIMEN DE PARTICIPACIÓN. Es en la práctica una variación de la de separación de bienes que se utiliza muy poco. Consiste en que cada uno de los cónyuges conserva su patrimonio como privativo, pero si se divorcian, cada uno tiene derecho a participar de una porción de las ganancias obtenidas por el otro mientras estuvieron casados. El reparto lo establece la pareja ante el Notario cuando van a firmar las capitulaciones matrimoniales, y si no se especifica, se aplica la mitad.

3. SEPARACIÓN DE BIENES. Cada cónyuge es propietario de cada uno de sus bienes y los administran por separado, convirtiéndose en los únicos propietarios de los rendimientos y ganancias obtenidos con ellos. Aunque el patrimonio es individual, los cónyuges pueden compartir algunos bienes, aunque se tratará de una comunidad ordinaria y no por razón de matrimonio.

En cuanto a la aportación de cada uno a las cargas domésticas (electricidad, la compra, hipoteca…) debe ser proporcional a sus ingresos, computando incluso el trabajo de ama de casa.

Por defecto, el régimen que se aplique en caso de separación de la pareja será el de sociedad de gananciales (Art. 1316), salvo en los casos que se hayan firmado capitulaciones matrimoniales y, exceptuando, aquellas Comunidades Autónomas que pueden establecer su propio régimen, como sucede en Cataluña, Aragón, Navarra, Islas Baleares y País Vasco.

Las CAPITULACIONES MATRIMONIALES son el ‘contrato’ suscrito entre los cónyuges a través del cual la pareja podrá “estipular, modificar o sustituir el régimen económico de su matrimonio o cualesquiera otras disposiciones por razón del mismo” (Art. 1325), pudiendo pactarse cualquiera de las tres formas establecidas por el Código Civil. No es obligatorio otorgar capitulaciones matrimoniales (de no existir dichos acuerdos se aplicará, por defecto, el régimen de gananciales), pero si la pareja desea hacerlo debe saber que las mismas están sujetas a una sería de formalidades:

  • Pueden fijarse antes o después de la celebración del matrimonio, cuantas veces se desee y de común acuerdo entre ambos cónyuges.
  • Deben establecer el régimen aplicable al matrimonio.
  • Para su validez las capitulaciones tienen que constar en escritura pública: se firman ante notario y se inscriben en el Registro Civil junto con la inscripción matrimonial.
  • Será nula cualquier estipulación contraria a las leyes o a las buenas costumbres o limitativa de la igualdad de derechos que corresponda a cada cónyuge.

 

El amor y la ilusión es lo que debe primar ante todo y más de cara a la formación de una vida en común, pero esta valoración suele esfumarse cuando el matrimonio fracasa o se disuelve, concluyendo con una serie de problemas en forma de bienes, dinero, propiedades, etc. Por ese motivo – y sin tener que renunciar por ello a la ilusión– pensar en frío el régimen económico que más conviene, hablado en todo momento con nuestra pareja, puede ahorraos futuros y amargos enfrentamientos.

Fuentes: IAbogado, Revista Consumer, Noticias Jurídicas
(*) Enrique López, Abogado Grupo Parlamentario Izquierda Unida

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